El 29 de junio ocurrió en Venezuela el segundo caso mas vil que la historia de los últimos tres años ha podido escribir. El asesinato del Capitán Acosta Arévalo. Este hecho define el periodo de Nicolas Maduro como el de más crueldad y de lesa humanidad, debido a que, como presidente, no ejecuta un solo centímetro de cordura, para mantenerse en el poder.
Hemos sido expuestos a un hecho en donde el Capitán de Corbeta (Capitán de la armada de categoría inmediata superior a la de teniente de navío e inferior a capitán de fragata. Capitán de Corbeta corresponde al de comandante de los ejércitos tierra y aire) murió en el hospitalito, Hospital Militar Dr. Vicente Salías bajo custodia de las mismas fuerzas brutales.
Los días pasan y lo que continúa intrigándonos es el dolor cavado en la profundidad de la noticia, que se ha presentado tal y como se han venido suscitando los hechos. Hasta que la crónica por unos segundos se detiene en la escena del capitán de corbeta parado en frente de tu vida, ante el tribunal de justicia invisible, el mismo que tu propio raciocinio único proyecta.
El capitán desapareció el 21de junio y había estado desaparecido por ocho días, la esposa hizo la denuncia a los medios de comunicación, desde el primer día que dejo de saber de él. Apareció entonces bajo custodia del SEBIN y del DGCIM organismos de fuerzas brutales de Maduro, porque lo único que hacen es asesinar sin justicia.
El día 29 de junio el día que apareció, fue presentado en corte, golpeado y un estado de detrimento tan grave, que no podía sostenerse por sí mismo.
A tanto lo llevaron los golpes que recibió durante su desaparición, que entró en sillas de ruedas al recinto y las únicas palabras que pudo articular fueron: Auxilio, auxilio.
Dos palabras que ante las condiciones en las que se encuentra el país, y tomando en cuenta el grado militar del capitán, retumban en las paredes del tribunal del dolor como signo de solicitud de defensa nacional, más que para sí mismo, para lo que él representa. Obviamente en un estado corporal tan comprometido, que tan sólo él podía saber cuánto dolor estaba sintiendo ese día, ya había sido sometido a una paliza sin medidas. No, no articuló por mayor defensa, ni mayor conquista que la de solicitar la ayuda que todos estamos pidiendo al mundo, el dolor es de un cordero en sacrificio.
Mientras la noticia se repite en los medios, con los encabezados señalando que pedía ayuda, el día que se presentó en corte, y todos como ciegos, no podíamos ver la peligrosidad lo que sucede, con esas dos palabras resaltadas sin grandes detalles, que se originaba en nuestro país de Narnia, era como traer a nuestra mente aquellos momentos de la “Warner Brothers” y otras agencias de películas, aquellos “sketchs” cuando el coyote o piolín piden ayuda en medio del mar. Para ese entonces, los tráiler solo mostraban las palabras “HELP” a la que todos nos fue instruido significa “ayuda”, y que clamaba a los socorristas o al héroe el rescate de la víctima que trataba siempre de defenderse del injusto, del vil, del depredador.
No quiero herir susceptibilidades mencionando un pasaje como el anterior, por el contrario, si he decidido escribir sobre esto, no es sino por drenar la impotencia de tanta injusticia desbordada, que mientras la edito, se están dando reuniones que tratan a los criminales como diplomáticos, y aterriza un avión de ultima generación en un país que se supone se encuentra bajo sanciones, bloqueos, catástrofe compleja y pare usted de contar.
Irresponsablemente la crueldad del caso y la falta de sorpresa de nosotros, una vez más archiva un caso de tanta miseria en las arcas de la memoria corta, fresca y complaciente del venezolano dramático y pantallero, al que con mucha razón, le aplican la xenofobia en varios países de nuestra región.
La humanidad de un hombre que se supone ético, ha sido condenada al castigo de los impíos, colgada por muchos días a un árbol a la intemperie total y luego, como si fuera poco, juzgada con menos categoría que una piñata destrozada por dentro de toda la tortura que recibió, aun así, en lo vacío de lo inexplicable tiene y deja la estela trascendental de pedir auxilio, auxilio ¿al moribundo?.
Como no pudo hablar mas en la corte, no quedó mas remedio que transferirlo a un hospital donde murió, y en donde su cuerpo yació hermético, sin que las lágrimas de quienes lo quieren le enjuagaran las heridas de la impunidad, las lágrimas de quienes como nosotros dicen amar a su familia, pero no les fue permitido ni siquiera darle cristiana sepultura.
Fue un hombre golpeado hasta mas no poder, durante ocho días, colgado, maltratado, electrocutado, mientras lo escribo se frunce mi ceño, porque si no lo notaron, la palabra electrocución es nueva en este párrafo. Si también lo electrocutaron además de la paliza y también lo sometieron a asfixia; y así en esas condiciones fue presentado en medio de un salón dícese ser asignado a la justicia, la justicia abobinable en donde lo único que pudo hacer fue como capitán de la armada de Venezuela:
¡Clamar ayuda!, Intelectuales.
